domingo, 21 de agosto de 2016

La libertad de elegir el borrego...

            A causa de una epidemia de fiebre aftosa en Marruecos, el delegado del gobierno en Melilla ha prohibido la entrada de corderos marroquíes en la ciudad. Los musulmanes han protestado enérgicamente, exigiendo poder sacrificar sus animales. La respuesta del delegado ha sido: que se traigan corderos de la Península. Pero las protestas han arreciado: los animales, sí o sí, han de ser de Marruecos. Las calles se han llenado de pancartas: "Nuestra Sunna no se discute"; "La tradición no se negocia".
            Estoy hasta las narices del "hay que respetar". Veamos: no se les va a obligar a comer cerdo, ni a sacrificar sus animales por el rito judío; solo se cuestiona el origen geográfico del cordero por razones de salud pública. Indudablemente es un bien mayor.
            Esto sucede la misma semana en que todas las agencias de noticias y un alto porcentaje de artículos de opinión nos han bombardeado con el tema de la posible prohibición del llamado "burkini", traje de baño integral de las mujeres musulmanas. Los articulistas se han posicionado en ambos bandos: por un lado, advirtiendo contra la islamofobia y alegando razones de libertad individual para vestir como nos dé la real gana; por otro, señalando que la vestimenta integral es un símbolo de sumisión patriarcal y religiosa, incompatible con la propia libertad individual. Incluso las feministas se han dividido, aunque coincidiendo en acusar de ambas posturas a los nefastos machos, que utilizan a la mujer para sus propios intereses de juzgar al otro.
            Ya me conocéis, y sabéis de mi opinión al respecto. Por mí, uno puede ir a la playa con bañador integral (las campañas contra el cáncer de piel lo agradecerán), con tutú de ballet, con disfraz de Supermán o con los testículos colgando alegremente. Me la trae al pairo. Pero cuando me hablan de "libertad" en una norma religiosa, me da la risa floja. ¿Realmente es libre de elegir alguien a quien se ha amenazado nada menos que con el tormento eterno?
            Y aún me da más risa que se invoquen tanto las libertades individuales sin contrastarlas con el respeto a la ley.
            - La ley limita mi libertad de circulación cuando me prohibe conducir a 130 km/h.
            - La ley limita mi libertad de movimiento cuando me prohibe entrar en una propiedad privada o en un área restringida.
            - La ley limita mis derechos sobre mi salud y mi cuerpo cuando me prohibe conducir borracho.
            - La ley limita mi derecho a decidir cuando dice que no puedo no pagar impuestos o no estar asegurado.

            ¿Realmente queremos jugar a esto? Tal vez haya que mirar al pasado y fijarnos en los dos pilares fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico: el derecho romano y la Revolución Francesa.
            - Libertas est potestas faciendi id quod iure licet ("La libertad es la facultad de hacer lo que el derecho permite").
            - "La libertad es el poder que pertenece al hombre para hacer aquello que no perjudique los derechos del otro". Artículo 6º de la Declaración de Derechos Humanos de la República.

            Con estos dos principios, ceñirse al derecho y no perjudicar a los demás, deberemos decidir cuáles son las fronteras del "respeto" a las costumbres y creencias.
            El escritor y abogado Guillermo Cabanellas definió la libertad como "la facultad humana de dirigir el pensamiento o la conducta según los dictados de la propia razón y de la voluntad del individuo, sin determinismo superior ni sujeción a influencia del prójimo o del mundo exterior". ¿Podemos hablar, por tanto, de "libertad" en el caso de una prohibición o prescripción religiosa? ¿Podemos garantizar la ausencia de "determinismo superior" o de " influencia del prójimo o del mundo exterior"?
            Ya he dicho que me afecta poco cómo se vista una mujer, en la calle o en la playa, pero debemos volver a la noticia del día, la que ha motivado este escrito. La religión debe ser algo íntimo y personal, y solo en ese espacio el creyente merece respeto. Desde el momento en que una creencia, una religión organizada o una casta sacerdotal (sea de imanes o de obispos) interfiere con las leyes civiles, todo "respeto" debe dejar paso al imperio de la ley. No se puede poner en peligro la salud pública porque el cordero haya caminado más o menos kilómetros, haya cruzado una frontera o embarcado en un ferry. La decisión se tomó y comunicó el 22 de noviembre, nada menos. Ninguna tradición, creencia, costumbre ni "sunna" puede justificar la vulneración de las normas de higiene y seguridad, y en nombre de las mismas no se puede exigir la dimisión de un cargo público ni hacer manifestaciones.
            La Comisión Islámica de Melilla defiende "la libertad de los musulmanes a elegir el borrego"...

          Aunque sea del partido político que más condeno, manifiesto todo mi apoyo a la decisión tomada por el delegado del gobierno de Melilla, al menos mientras no haya informaciones que maticen o contradigan lo que hasta ahora sé. Tiene razón, y los clérigos se equivocan.
           La fe no puede estar por encima del bien común. Ni de la ley.

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